Terrorífica realidad
***COLUMNA PUBLICADA EN EL UNIVERSAL QUERÉTARO EL 2 DE NOVIEMBRE DE 2016***
Columna En primera persona (Gonzo) # 20
Título: Terrorífica realidad
Los muertos nunca me han provocado miedo. Al contrario, cuando pienso en mis seres queridos que se adelantaron como mis dos abuelos padres de mi mamá y mi abuelo paterno, encuentro en mis recuerdos más paz, tranquilidad y alegría que sobresaltos paranormales.
Rememoro los consejos y las vivencias a su lado, que si bien no son tantas como uno quisiera, siempre son pensamientos que dejan algo en mí y me hacen reflexionar en aquellos años cuando era niño y todo era mucho más ligero.
En agosto de 1994, a mis 10 años, entendí aquel dolor de enfrentarse a la noticia del fallecimiento de familia cercana con el caso de mi abuela materna. Un duro golpe emocional para todos, más para mi madre y mis tíos, pero constaté que quienes se van provocan más tristeza que miedo.
Sin embargo, un mes antes de nuestra pérdida, fue cuando sentí un mayor temor por lo que son capaces de hacer los vivos que siguen en el mundo terrenal, que por los que lo dejan, aunque en estas fechas me gusta pensar como la mayoría de los mexicanos, que sus almas nos visitan por una noche y se deleitan entre nosotros con los altares y ofrendas que se colocan en las casas con sus platillos favoritos.
Ese fue el año de la Copa del Mundo de Estados Unidos, la primera con la que tomé mayor conciencia sobre el certamen futbolístico, pues recuerdo que para los partidos de México de la fase de grupos nos reunieron a todos los grupos de primaria frente a un pequeño televisor en una de las explanadas. Iba en quinto o sexto año y disfrutaba esa convivencia a través del futbol que significaba la suspensión de algunas clases.
Antes del juego de octavos de final de México contra Bulgaria, que finalizó empatado a un gol y los europeos avanzaron en tanda de penaltis, el 2 de julio trascendió a nivel mundial la muerte del jugador colombiano, Andrés Escobar, días después de que su selección no superó la fase clasificatoria y de que en el partido contra los anfitriones, Estados Unidos, el segundo de tres programados, metió por error el balón en su portería para perder el encuentro con marcador de dos goles a uno.
Autogol y derrota que no sólo significaron la eliminación de los colombianos de la justa, sino que fue el motivo para que el defensa fuera asesinado a quema ropa diez días después de haber regresado a su país, cuando salía de un restaurante a las afueras de Medellín.
Cuando me enteré de esa noticia me acuerdo que sentí un escalofrío. No podía creer que un autogol y una eliminación mundialista fuera suficiente razón para que alguien perdiera su vida.
Después de ese momento, conforme fui creciendo y hasta la fecha, se ha fortalecido esa idea de que hay personas vivas que cometen los actos más aterradores en la realidad y cualquier fecha del año es buena para perpetrar atrocidades.
En el mundo terrenal hay quienes desaparecen, personas sin distingo de género ni edad para explotarlas laboral y sexualmente en otros lugares, o peor, para asesinarlas; otros abusan de inocentes niños que apenas comienzan su camino; hay quienes no soportan la diversidad y se siguen cometiendo abusos por la falta de igualdad de condiciones; hay quienes se regocijan viendo sufrir a otra persona; hay quienes buscan demeritar los trabajos y esfuerzos de otros sólo porque no tuvieron la capacidad de desarrollar una buena idea; hay injusticias contra los deportistas mexicanos desde los órganos gubernamentales.
Por eso creo que los peores actos no provienen del mundo de los muertos, de lo paranormal, sino de una terrorífica realidad que tristemente se ha asume como 'normal' entre la sociedad.
Aún así, celebremos a nuestros muertos con alegría como cada año. Y a cuidarse de los vivos...


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