MJ y su primer adiós

***COLUMNA PUBLICADA EN EL UNIVERSAL QUERÉTARO EL 16 DE NOVIEMBRE DE 2016***

Columna En primera persona (Gonzo) # 22

Título: MJ y su primer adiós




Hace 23 años me sorprendió un anuncio como a muchos. Era un adolescente que había desarrollado un gran afecto por el basquetbol, deporte que practicaba desde muy niño y la NBA era trasmitida por el canal 13, juegos que veía junto a mi hermana y mi madre.

El 6 de octubre de 1993, Michael Jordan dejaba a sus emblemáticos Toros de Chicago después de tres épicos títulos (temporadas 1991-92 ante Lakers; 92-93 ante Portland y 93-94 frente a Phoenix) además de ser parte del invicto Dream Team que representó a los Estados Unidos en Barcelona 1992. El ídolo dejaba las duelas. Él junto a Shawn Kemp de los Sonics de Seattle eran mis ideales de jugador.

El legado MJ hacía su primera pausa tras una trágica muerte de su padre meses antes, en julio. Aquella escena final del sexto juego ante los Soles de Charles Brakley, Dan Majerly y Kevin Johnson -que finalizó con una diferencia de un punto (99-98), y en la que Jordan y Scottie Pippen sumaron 56 puntos, 33 y 23 respectivamente, del total- cuando Michael toma el trofeo de campeones y sale corriendo hacia los vestidores donde es captado por fotógrafos y cámaras de video sumido en un profundo llanto.

Un momento que tengo muy presente pues pocas veces había visto llorar a alguien de tal forma al ganar algo. Un título significaba felicidad absoluta, sonrisas por doquier o eso pensaba. El deceso de su padre fue un gran golpe que lo llevó a tomar la decisión de abandonar las duelas y dejar a miles de aficionados atónitos como nosotros.

El ídolo de mi niñez se retiraba para probar suerte en otro deporte, el béisbol, por una vieja promesa que le había hecho a su padre. Sin embargo, su éxito en el básquetbol no fue el mismo que en los diamantes de las grandes ligas con los White Sox de Chicago con los que jugó 17 partidos para después ser enviado a la filial menor de la novena profesional, los Barones de Birmingham donde tampoco figuró.



El 18 de marzo de 1995 la comunidad basquetbolera recibió una gran noticia: Jordan anunció su regreso a la NBA con un comunicado de prensa de tan sólo dos palabras: “I'm back”, un regreso que coronaría a la postre de esa temporada en la que jugó con el número 45 en la espalda y en la que no perdieron en playoffs ante Orlando, con otros tres títulos consecutivos para totalizar seis campeonatos con los Toros.

Ayer se cumplieron 20 años de que la productora cinematográfica Warner Bros aprovechó el impacto mediático de la salida de Jordan de los Bulls para jugar béisbol, ya que es la fecha del estrenó la película ‘Space Jam: El juego del siglo’, en la que el propio MJ compartió créditos con los Looney Tunes, en un entorno mitad realidad mitad animación, en la que la súper estrella deportiva une esfuerzos junto a Bugs Bunny, Pato Lucas y compañía para salvarse de los Nerdlucks que querían llevárselos como esclavos a su planeta.



Otra de las cosas que me hizo recordar éste momento de Michael Jordan, fue la noticia que leí en días recientes sobre Usain Bolt, plusmarquista jamaiquino los 100 metros planos, que pensaba dedicarse al futbol tras retirarse de las pistas tras su participación en el Campeonato Mundial de atletismo de 2017, según comentó a una entrevista con The Guardian, donde además afirmó que si llegara a jugar en el Manchester United “haría un sueño hecho realidad”.
Entre leyendas deportivas que prueban suerte en otros deportes, ¿será que a Bolt le podría ir mejor en el futbol, que a Jordan en el diamante?

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